La última página de la decana: el adiós a Graciela Narváez
Profundo dolor en la región por la partida de Graciela Narváez, referente del periodismo y la cultura local, cuya vocación la llevó desde las corresponsalías nacionales hasta las aulas universitarias y la literatura.
Hay voces que se incorporan al paisaje de una ciudad de manera tan invisible como definitiva. No importa que hayan nacido lejos, bajo otros cielos y con otras tonadas; el oficio y el compromiso las vuelven nativas del lugar que eligen para contar el mundo. Eso sucedió con Graciela Narváez, la periodista cordobesa de nacimiento y barilochense por adopción, que este sábado 13 de junio se despidió de nosotros en una clínica local, rodeada del afecto de su familia, tras dar batalla a sus últimas e íntimas dificultades de salud. Su partida, a los 72 años, deja un vacío espeso en el periodismo y en las letras de la región andina.
Su historia con el oficio de preguntar venía desde la infancia. Solía recordar, con una sonrisa nostálgica, que a los seis años ya salía a las veredas cordobesas con un papel y un lápiz en la mano, jugando a entrevistar a los vecinos. Aquel juego de la niñez se transformó en destino. Entre 1973 y 1979, cursó sus estudios en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba, habitando las aulas en uno de los períodos más oscuros, complejos y peligrosos de la historia argentina.
Con el título bajo el brazo y el deseo de construir un futuro, llegó a Bariloche junto a su esposo, Raúl Martineau. En esta ciudad echó raíces, formó su familia y consolidó una carrera impecable que transitó por todas las plataformas posibles: diarios regionales y locales, estudios de radio y estudios de televisión. En sus últimos años en el ejercicio activo de la profesión, desempeñó con rigor la corresponsalía de Cadena 3, llevando la realidad de la cordillera a oídos de todo el país, sin perder jamás esa inconfundible tonada natal que la acompañó durante casi cinco décadas en la Patagonia.
Graciela no concebía el conocimiento como un territorio estático. Entendía que la curiosidad no se jubila. Por eso, tras retirarse de las redacciones diarias y de los micrófonos, decidió regresar a las aulas, esta vez de la Universidad Nacional de Río Negro, para cursar la Licenciatura en Letras. Quería domar las palabras desde otro lugar. El fruto de ese esfuerzo llegó el año pasado con la publicación de su primer libro de cuentos, Al límite, una obra compuesta por seis relatos crudos, profundamente humanos, que demostraron que su capacidad de observar la realidad seguía intacta, reconvertida en literatura.
El reconocimiento institucional no tardó en llegar, reflejo del respeto que sembró entre sus pares. En 2019, a instancias del Sindicato de Trabajadores de Prensa de Bariloche y Zona Andina, el Concejo Municipal la distinguió formalmente como “Periodista decana”. Cinco años después, el pasado 24 de abril de este 2026, el mismo recinto la volvió a homenajear, esta vez en su faceta de escritora. Fue su última aparición pública, un cierre poético donde la comunidad le devolvió en aplausos un poco de todo lo que ella había narrado.
A lo largo de su vida, Graciela combinó las urgencias del cierre diario con la paciencia de la docencia, transmitiendo a las nuevas generaciones la responsabilidad de ejercer el periodismo con honestidad. Hoy Bariloche está de luto. Se fue una cronista rigurosa, una apasionada de las letras y, por sobre todas las cosas, una mujer que eligió narrar nuestra comunidad con la dignidad de los grandes creadores. Quedan sus textos, sus audios y el recuerdo imborrable de una libreta de apuntes que, finalmente, ha encontrado el descanso.
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